Tiempo de renacer. Editorial radial sobre el Renacimiento por Cristina Pérez
MOMENTO EDITORIAL DE LA PERIODISTA CRISTINA PÉREZ
del día 22/12/2023 transmitido por am 630. A partir de las 15:05

Dijo la periodista argentina Cristina Pérez en este lúcido momento editorial suyo:
"Bueno, hoy va a ser distinto el comentario de todos los días. En estos días vamos a estar celebrando la navidad, no? que es, en esencia, la fiesta por un nacimiento. La comunidad cristiana, mayoritaria en nuestro país, celebra el nacimiento de Jesús de Nazareth que dando su mensaje de amor y dando su propia vida cambió la historia de la humanidad. La cambió hasta tal punto que hizo incluso que el tiempo marcara un antes y un después de Cristo. O sea que la navidad es un cumpleaños. La navidad es nacer.
En estas semanas vengo presentando mi nuevo libro que se llama "Tiempo de renacer", y la palabra renacer me viene resonando fuerte en mis pensamientos y reflexiones, más allá de lo que yo esperaba cuando le pusimos el nombre a esta novela. Porque la verdad en ese momento no habíamos advertido que iba a salir la novela en este tiempo de renacer para todos nosotros. No sólo por un año que se va, por otro que comienza, sino fundamentalmente por la nueva etapa que vive el país; que mezcla dos cuestiones completamente distintas, porque por un lado intenta recrear esperanza, pero también estamos en una situación económica muy grave. Para todos es tiempo de renacer con los dolores que cuesta y con las alegrías que puede traer. Pero fíjense la diferencia, ¿no? A diferencia de nacer, que es un acto vital de la naturaleza con su propia dinámica, podríamos decir que renacer es algo que queda en nuestras manos. De hecho, cuando uno busca en el diccionario de la Real Academia Española el verbo renacer se aclara que es volver a nacer pero se señala que es en sentido figurado. Si uno avanza en los sinónimos el término aparece como resucitar, algo que escapa de nuestras manos, nos vuelve a poner en el terreno de la fe, o también aparece una excepción biológica, como el reverdecer o rebrotar, que tiene que ver con el ciclo de las plantas, de los árboles, de los cultivos.
¿Y que verdaderamente ocurre ante nuestros ojos, no?
La naturaleza nos anoticia y nos informa de que en la naturaleza hay ciclos.
Tiempos para preparar la semilla y tiempos para cosechar. Shakespeare habla de las semillas del tiempo, en una figura muy bonita, las semillas del tiempo. Para los cristianos renacer también puede ser el bautismo, porque se nace de nuevo en una vida espiritual. Pero como les dije al principio: lo de volver a nacer, en el sentido figurado, como lo dice el diccionario, nos queda todo para nosotros. Nadie lo puede hacer por nosotros. Y para intentar determinar qué sería en nuestras vidas proponernos la tarea personal e instransferible de renacer.
En una emergencia alguien nos puede revivir, y un médico nos puede hacer rcp pero renacer es algo que sólo podemos hacer nosotros, con el significado que nosotros le demos a eso. Fíjense que hay una época en la historia de la humanidad que lleva el nombre de Renacimiento, que precisamente es un hecho cultural de tales características que cambió los paradigmas, cambió la visión del mundo, hasta tal punto que alumbró el humanismo y le dio camino a la modernidad.
Imagínense, fue un fenómeno de varias vías, de un alcance colectivo. ¿Pero saben cuál fue su principal motor? Fue el hambre de conocimiento y la liberación del conocimiento. Me gusta decir que el primer acto de aquel renacimiento fue discreto, sobrio, pero absolutamente trascendente.
La traducción de Platón del griego al latín, y hacerlo correr. Ese hecho capital que ocurrió en Florencia, en Italia en el siglo XIV junto con otra cuestión impensada en ese momento, que rescataron volúmenes que estaban perdidos en los monasterios, en lugares olvidados, tapados por la tierra. Y conformaron la biblioteca más grande jamás vista, fundaron la academia neoplatónica y le dieron el paso, sin saber ellos, al renacer de la cultura greco-romana.
Pero Cristina ¿de qué nos estás hablando? Que no nos alcanza la plata, que tenemos un montón de problemas?¨
(La periodista evoca lo que la gente le diría al oirla hablar de estas cosas en vez de la tóxica política)
Bueno, en ese momento se produciría una reconciliación conmovedora. La del hombre clásico con el hombre cristiano. Y lo pondría al Hombre en el centro del universo. El Hombre ya no sólo viviría en función más allá de la vida y la muerte, sino que podía ser artífice de su destino. Era también la reconciliación entre la carne y el espíritu; entre lo material y lo abstracto, entre lo bello con lo bueno. Y saben qué era, sintéticamente? Era el descubrimiento del individuo.
¿No estamos nosotros redescubriendo al individuo? El Hombre ya no como sujeto de culpa, sino como alguien que podría cambiar su destino. Y la convicción de que no habría nada que no pueda ser logrado. Fíjense, este proceso generaría una sociedad con tal autoestima que entre el bullicio de los comercios y el amor por la belleza vería convivir en menos de tres décadas a Leonardo Da Vinci, Miguel Ánguel Buonarotti y Sandro Boticcelli. ¿Cómo hacen esas sociedades que generan esos ciclos virtuosos que hacen despertar la prosperidad y la genialidad?
Quizás el segundo acto del Renacimiento está contado con el cincel de Donatello cuando esculpe el primer hombre en la Antigüedad o el David o Botticcelli cuando hace nacer a Venus. O renacer. En ambos casos son sublimes actos de libertad. Los procesos donde el conocimiento se expande a toda una sociedad son procesos de libertad.
El humanismo le permitió al ser humano liberarse de estructuras dogmáticas, lo llevó a hacerse preguntas, a desarrollar su pensamiento crítico, a crear sin restricciones y a creer que todo es posible cuando el espíritu humano se lo propone. Porque la libertad es lo que nos hace humanos. Eso nos distingue de las otras especies, el libre albedrío; pero en cada época, amigos, y también en la nuestra, vuelve a ser el desafío ser dueños de nuestro destino. En definitiva, podría decirles hoy 500 años después que somos herederos del Renacimiento pero debemos merecerlo. Nos tenemos que ganar la libertad.
A veces las sociedades reaccionan cuando están en el límite, y se construyen, desde la desesperación, otra oportunidad. Descubren que la libertad no está garantizada si no se lucha por ella. A ver, la libertad de ser quienes somos. La libertad de expresarnos que suele ser un tema para los autócratas (que nadie hable, que nadie los contraríe). No es un problema de ayer. La libertad de prosperar con nuestro esfuerzo no es un problema de ayer. La libertad de salir de la cárcel de la pobreza, por Dios... No es un problema de ayer. Pero hay una dimensión de esa libertad que es estrictamente personal, y que nos requiere pensarnos, preguntarnos de verdad quiénes somos, qué haremos ahora de nuestra vida, qué es lo más importante para cada uno de nosotros. Cómo seguir en medio de los problemas que nos toquen. Vivimos en un mundo que por momentos (me pasa a mí y nos pasa a todos) que nos abruma con la tecnología. A veces nos hace preguntar si acaso seguimos siendo necesarios. No? Fíjense qué diferente a la autoestima de otras sociedades. Y vivimos en un país donde hace mucho tiempo sentimos que las cosas se nos van de las manos. ¿Cómo convertir en potencia toda esta impotencia? ¿Cómo convertir en autoestima tanta seguridad forzada, y no las frustraciones? Por momentos la tarea parece titánica, pero, sin embargo, como toda tarea, su comienzo consiste en un solo paso. Dicen que dar el primer paso en lo que sea es recorrer la mitad del camino. Parecen cosas abstractas las que estoy diciendo, pero algunas definitivamente no lo son.
Desde que empecé a hacer presentaciones de mi libro, noté que el título "Tiempo de renacer" resonaba en las personas aún antes de que conocieran la historia. Eso me llevó a hacer algo que repetí en cada presentación. Los concurrentes se animaron a contar alguna experiencia de su vida en la que habían renacido. Y como pasó en Palermo, en Mendoza y en Rosario todos permanecimos emocionados o llorando (...) En todos ellos estaba la fuerza de renacer. Coincidía en que se habla poco de estas cosas, pero todos sentíamos que estábamos más fuertes, menos quejosos y mucho más inspirados viendo que de tantos dolores, mucho más fuertes que los nuestros, se podía resurgir. Y que no era algo sobrehumano, sino simplemente humano. Estaba en nosotros. La verdad es que mis lectores me vienen completando el libro, cuyas líneas les voy a compartir, que menciona que la vida tiende sólo a seguir su curso, a florecer hasta lo más conmovedor de su belleza. Pero, a diferencia de una rosa o del vuelo excelso de las aves, somos nosotros, pequeños e ignorantes, los portadores del secreto sobre nuestro destino. Por eso en la búsqueda nacemos y renacemos. Por eso es tiempo de renacer. Para nosotros también en este país, casi del fin del mundo. Y estas palabras distintas a los editoriales de todos los días son mi presente y mi deseo de navidad para todos ustedes. Que tengan su propio tiempo de renacer"
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(I do not own this text. This text belongs to Cristina Pérez, the respective owner.
Cultural diffusion purpouses only)

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