LOS TRIUNFADOS (Cuento. Texto completo)(Thriller sobre mafia política)
LOS TRIUNFADOS (Autor: Fede Ferraro (Fefe)(thriller sobre mafia política)
Podría suponerse que esta es
una típica historia sobre el poder y las mafias. Podría suponerse ya, desde el
nombre, que esta es una simple historia de magnates y de gángsters. Este último
término suele significar "miembro de una gang", es decir, de una pandilla
relacionada con la venta de drogas y con el uso de armas. Al comienzo la
presupondrían una crónica sobre mafiosos “cualunques” que se disputan
territorio para acaparar el mercado delictivo. Y debo decir que no. No, por un
simple motivo: aquéllo que diferencia a una de esas tramas de las mafias
menores con lo que yo he presenciado y puedo contar, es el hecho de que en esta
trama de triunfalismo se mezcla también la política, que está conectada con el
turbio submundo de la mafia y las redes ocultas del poder y el delito, sea para
obtener dinero o para hacer negocios y delinquir legalmente, ya que eso hacen
las actuales cleptocracias como las del presente relato.
Acá en Argentina es donde se desarrolla la presente historia, donde se
engendran personajes como los que se verán a continuación, de tan inmoral,
ambiciosa y destructiva calaña. Los mismos terminan convirtiendo al Estado en
criminal, puesto que pactan con las mafias, oscurecidas sus caras por una
rigurosa mueca, en el fondo burlona, nada menos que la sombra de la codicia
cegando sus miradas.
Un tal Financista (no revelaré su nombre) es el asistente financiero de un
grupo de abogados que trabajan en las sombras para una figura de poder, que es
"el presidente" de un partido, nada más ni nada menos. Este asistente
financiero, en realidad un contador que había conseguido buenas conexiones y
que se había especializado en finanzas, brinda su asesoramiento pero también su
complicidad a estos señores legistas que ejercían coerción sobre personas de otros
partidos, y arreglaban con los jueces una inmunidad a cambio de pagarles
jugosas regalías. Desde ya que la plata invertida en el silencio de los jueces,
y la de los mismos abogados, debido a turbias conexiones que tenía el partido,
era plata proveniente de las arcas del Estado, de ahí el carácter mafioso de
las operaciones que efectuaban.
Desde ya que también "trabajaba" en los tribunales buscando cerrar
financieramente las operaciones con los jueces un señor muy informado. De todo
lo que le oí decir en vida, y de lo que investigué en fuentes periodísticas
tiempo después, nunca pude ubicar su nombre, pero sí tengo el dato de que era
conocido en el ambiente y apodado como "El Informante". Siempre oía
antes que nadie los nuevos entretejidos de ese círculo de parásitos con corbata
y con aires de superioridad ahogada por el deseo capitalista-materialista que
no puede ser nunca del todo realizado. Y me refiero a ellos en este tono porque
se trata de gente que sólo vive para obtener más dinero, y para obtener el
poder suficiente para sostener ese lugar de privilegio, lugar desde donde
eligen corromper y descomponer las instituciones del Estado, siendo su objetivo
llenarlas de parásitos iguales a sí mismos... quiero decir, parásitos que no
producen bienes ni prestan algún servicio decente al público.
Entre este grupo selecto de hombres de poder destacaba otro, entonando con la
pulcra tonicidad del grupo, el infaltable Prestamista, al que acudían cada vez
que podían, pero que también sufrió el embate contradictorio de esta historia
cuando, por una obra de ciega, sorda y chillona ambición, termina
desfinanciado, en la quiebra y teniendo que endeudarse.
Nuestro adorable cuarto personaje, que siempre encuentra su registro en estas
tramas de lucha salvaje por el poder, el Político que da la cara, el cual (mil
disculpas, para conservar mi integridad y para preservar también la seguridad
de los lectores no daré nombres reales, para no andar temiendo alguna
represalia); funciona, decía, este último, como catalizador en el grupo, como
actor de cohesión, para decirlo fácil. Líder cuyo rol es ayudar a conectar unos
con otros los ánimos dispares del grupo pero que, al final, al ceder ante la
sed de poder, termina desconectándose de la realidad y, por tanto, en el mejor
de los casos, como todo mandatario que se haya sostenido demasiado tiempo en un
cargo, equivoca el rol y llega a creer que la gente debe servirle por su
encumbrada posición, cuando realmente su función debería ser servir al público.
Y luego yo, que sólo acompañé a este grupo de guapos sin cuchillo y de manos
suaves sólo una vez, por puro y equivocado compañerismo para con el
catalizador, que sólo aceptó mi amistad para usarme como un sostén más para su
red, cosa que descubrí al analizar los hechos con la frialdad necesaria, justo
antes de proceder a delatarlos. Lo que hice hace más de diez años ya todavía
sigue persiguiéndome y complicando mi vida, ya que también fui delatado, y
ahora los cabos sueltos de esta trama mafiosa buscan cobrarme por mi última
jugada, la cual procederé a contar durante el presente relato.
"La plata estará bien guardada en esta bóveda. Está en las sombras, tercer
subsuelo de tribunales, bien... a nadie se le ocurriría buscarla acá" dijo
el Político, mostrándole mediante una filmación a la Jefa el lugar donde
guardarían la plata sucia para la campaña política que les permitiría seguir en
el poder.
"Esa plata es la del barro, la de las manos sucias, ¿me oís? Nadie nuestro
se la va a quedar. Es la que daremos a los punteros para que le pasen a la
gente de los barrios bajos el pago para garantizarnos esos votos" le
refirió la Jefa, con cierto aire de vanidad y con un tono que casi era un
susurro, como si estuviera comunicándole un secreto que no debía saberse.
"Después que no digan estos que se encargan de repartirla, de dársela en
cuotas a los punteros de los barrios carenciados, que no digan que no se la
dimos con suficiente plazo. Faltan tres meses para las elecciones. Que
empiecen, es ahora o nunca".
Diálogos fugaces como esos en un estacionamiento o en el interior de un
despacho, o entre banco y banco en la sala de deliberación del Senado, eran
cada vez más frecuentes y decisivos. Eran comentarios como éstos los que daban
una orden turbia, estricta y determinante para el futuro del país, y no los
largos discursos políticos para la tribuna que se hacían eco en todos lados a
través de cadena nacional.
Era época de elecciones, y en el ambiente estaba la natural tensión, los
slogans publicitarios cada vez más usuales, y los discursos encendidos,
producto del natural combate entre partidos políticos. Las muchedumbres eran
imprescindibles para mantener vivo el fuego de los discursos. Vitoreaban
fuerte, entonando las consignas políticas, los cánticos de cancha que hacían a
la efervescencia de todo aquello.
Y tampoco faltaban las banderas. Así como tampoco se ausentaban los jueces de
sus despachos, expectantes de cada resultado en las encuestas. Dependiendo de quién
saliera victorioso en las elecciones los tribunales argentinos moverían unas u otras
causas, y algunas quedarían durmiendo para siempre.
Bien sabía esto quien presentamos como el Informante, pues simulaba tener un
cargo administrativo en dicho lugar, junto a sus conocidos jueces y sus
despachos. Cada rumor nuevo era oído o bien generado por este personaje que,
para decirlo sencillamente, vendía información. Si se fuera a mover en el
futuro alguna causa que pudiera comprometer a gente poderosa, él lo sabría
antes que nadie.
Un día, recién comenzadas las elecciones que empezaban señalando perdedores a
la Jefa y al Político, frente a otro candidato que subía en cuestión de imagen,
la extraña balanza de la Justicia argentina se inclinó, dando noticia del
avance en la investigación de una causa que comprometía seriamente a la pareja
presidencial. Estos últimos eran investigados por enriquecimiento ilícito, y el
Informante no hizo más que anticipárselos 48 horas antes de que la información
se hiciera de dominio público. El Político y la Jefa no hicieron más que
pagarle al juez respectivo que llevaba adelante la causa. El pago fue efectuado
a través del Informante, que también recibió un valor por la información
brindada a la pareja presidencial.
Quien realmente tenía el cargo de presidente y pretendía renovarlo era él, y
ella (no diré nombres) lo acompañaba en las decisiones desde las sombras.
De manera que la causa no avanzó como se esperaba y, por tanto, la misma no fue
anunciada al público, con lo cual la imagen de ellos no se deterioró más de lo
que ya estaba.
En los tribunales federales argentinos no sólo tenían problemas con la
independencia de poderes... no sólo el poder ejecutivo (él y ella) ululaban con
sus alas por sobre los despachos, sino que también había murciélagos y ratas.
Desde siempre los murciélagos recorrían los pasillos y cerraban sus alas
colgando de los ventanales. Desde siempre las ratas poblaban los subsuelos
atestados de viejos expedientes. Y aunque intentaran combatirlos, siempre
volverían.
Aquel otoño se tornaba algo insípido, con ráfagas de viento frío haciendo levitar
las innumerables hojas, y con días grises, de humedad, que teñían con rocío los
techos y las ventanas. Dicen que la soledad del poder es pesada y molesta, pero
en este caso no lo era tanto. En plena elaboración y puesta en práctica de la
campaña la Jefa y el presidente, que estaba por renovar su cargo, planeaban
todo al dedillo, y para eso acudían al ya mencionado Financista, un contador
cuyos contactos lo llevaron a enquistarse en las altas esferas del poder y a
conocer a este candidato, el cual le pedía desde hacía seis meses grandes sumas
de dinero, prometiéndole una jugosa devolución en cuanto asumiera nuevamente su
cargo presidencial. Por el momento todo el dinero del que disponían el Político
y su administradora era destinado al aquí y ahora, instalando grandes carteles,
poniendo en funcionamiento viejas obras que luego de la campaña nunca se
terminarían, y organizando grandes actos preelectorales que requerían de una
enorme inversión.
La verdad era que nunca le devolverían nada. La verdad era que lo estaban
usando, pero él no lo sabía.
Aunque la causa judicial que les comprometía se había parado por el pago a los
jueces y al Informante, una nueva pequeña ola de murciélago ensombreció el
nicho respectivo de tribunales. Los jueces (el ya nombrado y otro, amigo suyo,
que tenía a su cargo otra causa sobre la pareja presidencial) mandaron a un
adiestrado Operador a presionar al Informante, para que éste les diera
información que pudiera sumarse a la que estos jueces investigaban. Querían
saber por boca del Informante ciertas cosas, ciertos detalles en relación a
hechos ilícitos perpetrados por la pareja presidencial, para luego poder
extorsionar e intimidar a estos últimos, y así recibir otro pago para no echar
a andar las causas.
El Informante, encontrándose bajo las órdenes de la pareja presidencial, quiso
esperar un próximo movimiento de éstos, aunque tuvo que ceder a los jueces algunos
datos que no eran de gran trascendencia.
Así fue que comenzó a jugar para ambos bandos, se volvió lo que se dice un
comodín. Pero los jueces volvieron a apretar, ya que en el momento preelectoral
los candidatos se encuentran especialmente sensibles en cuanto a las fibras
ilícitas. Pero el Informante no les cedió ni un ápice. Es así que los jueces
contrataron al Ejecutor.
Era éste y ningún otro el momento de apretar a los políticos para sonsacarles
información acerca de sus movimientos mafiosos. Bien lo sabían los jueces, que requerían la materia gris con la que
trabajaban. Cuando vieron que la presión ejercida hacia el Informante no era
suficiente para que en semejante movimiento preelectoral el Político y la Jefa
tuvieran que pagarles para que no saliera a la luz el avance de sus causas
judiciales por enriquecimiento ilícito, fue que contrataron al susodicho. Se encargó
de darle muerte a un amigo del presidente que nada tenía que ver con la mafia o
la política.
Esto encendió las alarmas, y el Informante supo de ello antes de que ocurriera.
Pero no pudo hacer nada para evitarlo. Estaba entre la espada y la pared; cualquier
movimiento anticipado podía desencadenar una guerra mafiosa de causas
judiciales y de acusaciones desde el púlpito. Lo único que no pudo saber en un
principio fue la identidad de quien mató al amigo del presidente. Y tuvo que
encontrarse en un bar con él para conocerlo y negociar.
El presidente, hallándose pronto a enfrentar a las multitudes y en pleno
proceso de elaboración de los discursos, intentó sacarse el problema de encima
cediéndole formularios, documentos y pruebas vitales a dichos jueces, con la
esperanza de que las aguas se calmaran, y confiando en que sería reelecto, es
decir, confiando en que dentro de tres meses las causas que lo comprometían
dormirían por siempre. Y no es que deba funcionar de este modo, pero la
democracia pasiva algunas veces no respeta la división de los poderes, tolera
la corrupción, y en esta ausencia de república los jueces pactan con los
políticos de turno. La libertad se negocia.
El próximo paso fue averiguar la identidad del susodicho Ejecutor. Fue orden
expresa de la Jefa. El Político se la transmitió al Informante, aclarándole que
en ello iba la libertad de todos. Debían saber la identidad del Ejecutor para
ofrecerle una mejor suma y lograr que trabajara para la pareja presidencial, y
no en contra de la misma.
Tras largas averiguaciones, y tras reptar y hacer de "chico del
delivery" por todas las casas de mala gente que conocía, dio con el
pistolero. Era un viejo espía de Inteligencia que ocupaba su tiempo libre luego
de jubilarse en el negocio de la extorsión. Apretaba gente y, si el caso lo
ameritaba, iba un poco más allá.
Fue una tarde de esas decadentes, con gusto a polvo el aire y con un sol
inexistente, a unas diez cuadras al sur del Obelisco de Buenos Aires, que dió
con él y le entregó, de parte de la pareja presidencial, una enorme suma. Le
prometió una alta jubilación de privilegio, y bienes como yates y mansiones
privadas. Todo lo tendría en cuanto él y ella asumieran, y la fórmula
presidente-vicepresidenta estaba consolidándose cada vez más como la ganadora,
siendo que el asesinato del amigo personal había desatado un efecto de
aprehensión y compasión por parte de la ciudadanía, que a través de las
encuestas ahora prefería en imagen al Político, y no tanto a los candidatos que
podrían hacerle frente.
La respuesta directa del Ejecutor ante el requerimiento de la pareja fue que
los jueces eran amigos suyos, y que entre amigos la traición se paga, pero que
por favor le pagaran muy bien por esta traición, porque eran muy buenos amigos.
Los días pasaron, mientras el triunfo cada vez más cercano y plausible de la
pareja presidencial acomodaba todo a su favor. Los días se volvían cada vez
menos soleados y sofocantes, y la humedad lo impregnaba todo. Ya estaba cerca
el invierno, y en los cafés porteños los rostros eran cada vez más severos y
sombríos. Un viento frío agitaba el agua de las fuentes urbanas. Los días eran
cada vez más cortos. Oscurecía cada vez más rápido.
En uno de esos cafés volvió a darse un encuentro entre el Informante y el
Ejecutor. Ya se conocían muy bien entre sí, ya que el primero trabajaba tanto
para los jueces como para la Jefa y el Político. Últimamente había estado
vendiéndoles a los jueces preciada información prolijamente verificada con los
documentos respectivos. Se trataba de una veintena de empresas-fantasma
mediante las cuales la pareja del poder lavaba dinero, enriqueciéndose de ese
modo durante años. Claro que el Informante lo hacía sin que la pareja se
percatara de nada, y a su vez él les cobraba por transmitirles rumores y
movimientos próximos de dichos jueces. De este modo la pareja presidencial,
chantajeada por el Informante, podía anticiparse a los movimientos de
tribunales y abonar las correspondientes sumas para que sus causas judiciales
no avanzaran y, en lo posible, para que dejaran de existir.
Llegó el día de las elecciones y, para decirlo en términos coloquiales,
volvieron a ganar los rancios. Los mafiosos que no respetan la división de
poderes sobre la cual se basa cualquier república digna de llamarse así; los corruptos
que compraban a los jueces mediante las riquezas del Estado volvieron a llenar
los ministerios con sus militantes, y reorganizaron los dirigentes asignados a
los cargos públicos para dar al público una sensación de cambio. Aunque, claro,
no había cambio alguno. La victoria con una intención mafiosa y los cargos
volvían a estar en sus manos.
Fue entonces cuando dieron paso libre al Ejecutor para que eliminara al más
inconveniente de los jueces. Esta fue la respuesta al asesinato del amigo del
presidente.
Al tener que pagarle al Ejecutor continuaron endeudándose con el Financista
millonario, el contador al cual le exigían dinero mientras le ofrecían cargos
para que eligiera alguno. Cuando el Ejecutor recibió la paga por su accionar el
Informante fue recompensado también, al igual que el Financista, con bienes
como un yate, dos Lamborghini y una mansión cerca del río.
Así entonces la podredumbre de la sociedad encontraba nuevos huéspedes, nuevos
ricos que llenaban sus bolsillos no sólo con sangre, sino con dinero pagado por
todos los contribuyentes. La pareja presidencial, otra vez victoriosa,
enaltecía y premiaba a los criminales y a los espías mientras eliminaba a todo
aquél que intentara discutirles su lugar de privilegio. Al menos así
demostraban comportarse tanto en las acciones como en lo discursivo.
La nueva victoria había realzado los rasgos más perversos de la pareja, como la
sed de venganza hacia los opositores políticos, la vanidad, las acciones y
decisiones totalitarias, y la necesidad de sentir el poder en sus manos. Todos
estos elementos aparecían claros en los discursos, en las respuestas que daban
a sus opositores a través de las redes sociales, y en el día a día puertas
adentro, donde discutían las verdaderas decisiones y pasos a seguir. Realmente
se sentían triunfadores, pero había una extraña calma demasiado acentuada en
todo esto.
Algún extraño y no previsto fenómeno estaba por desatarse, eso está claro, y
ocurrió junto con mi intromisión en esta historia. Yo conocía muy bien al Político
(no diré su nombre). Y a su esposa, la Jefa, la había visto sólo un par de
veces, dado que era muy renuente al trato, y no estrechaba la mano fácilmente.
Resulta que la muerte del juez inconveniente se había vuelto un asunto público,
y en los medios, radio y TV, se hablaba del mismo con el carácter de crimen de
Estado, con lo cual el Político (el otra vez presidente) quiso acudir a mí, un
amigo que había estudiado ciencias jurídicas con él hacía años, creyendo
encontrar una voz amiga que no le mentiría y que no lo traicionaría al
aconsejarle. Lo que yo pude percibir es que los medios ponían en duda el
asesinato (que en realidad desde el poder anunciaban como posible suicidio)
diciendo que podía ser un suicidio inducido (que lo hubieran presionado y obligado
a matarse) o bien que eso había sido obra de algún pistolero para cobrar
favores no saldados. Claro que el crimen de un juez era un asunto de Estado, y
yo le recomendé a mi amigo, el Político, que lo enfrentara como tal, y que no
rehuyera de los medios ni de la TV pública porque ése es el lugar de debate en
la democracia actual; y si él no se ocupaba de dar la cara y de tratar el
asunto con tacto, con el lenguaje y con el tono grave que el mismo requería,
algún otro mal intencionado lo haría por él, y eso sí sería problemático. No
hacer nada o responder con indiferencia en los medios sería letal para su
imagen, todo eso le dije. De modo que pareció seguir mi consejo.
Fue cara de periódicos, de revistas, y dio discursos en cadena nacional sin
evitar el tema, y elogiando al poder judicial de turno, asumiendo el tono y la
gravedad de la situación, así como diciendo poder confiar en que la
investigación daría con los culpables. La muerte de un juez que lo investigaba
a él y a su esposa por enriquecimiento ilícito no le ayudaba en cuanto a imagen
y confianza, pero supo tomar las riendas del caso de tal modo de quedar como
víctima de todo aquello.
Yo sabía muy bien que el Ejecutor había hecho de intermediario entre mi amigo
el Político y el desafortunado juez. Claro que yo sabía todo, lo cual no quiere
decir que pudiera hacer algo al respecto más que ayudar y aconsejar a mi amigo.
En ningún momento me sentí cómplice del asesinato. Es evidente que mi ética fue
un tanto flexible, y pudo más en mí la conveniencia de mantener el buen trato
con los corruptos. Lamento no ser el héroe que todos esperaban.
Los negocios oscuros de la pareja presidencial continuaron, y en ningún momento
declinó en ellos la intención de seguirse enriqueciendo mediante los diferentes
artilugios con los cuales inflaban los precios de una obra para quedarse con
plata del Estado. El plan que llevaban a cabo era de larga data, y nunca había
sido desbaratado debido a que siempre supieron muy bien cómo tener a los jueces
comiendo de su mano.
Las elecciones pasaron y el Informante continuó jugando tanto para los
políticos como para los jueces, brindándoles información a ambos.
El patrimonio del Político y su Jefa de operaciones continuó creciendo en
millones, razón por la cual se desató el segundo apriete por parte de los
jueces. Ellos garantizaban a la pareja una inmunidad en cuanto a los cargos de
los que podían ser acusados, pero la codicia era una fiera que había que seguir
alimentando. Las cifras que les ofrecían a cambio de mantener sus operaciones
en silencio eran irrisorias si se las comparan con las que obtenían mediante
las maniobras de corrupción y de enriquecimiento ilícito.
De manera que nuevamente el Operador o extorsionador se dirigió al Informante,
esta vez sin tanta dureza en el trato, pero refiriéndole la fecha máxima que
tenía la pareja para entregar un nuevo soborno a los jueces. Así funcionaba
esto. Y el Informante, por creer que la vaca estaba atada, y por confiar
demasiado en la inmunidad que otorga el poder, no les dijo nada a sus otros
empleadores. El Operador, a pesar de ello, se dirigió un día después de la
fecha máxima señalada por el susodicho para conversar con mi amigo el Político.
Y lo encontró severamente angustiado, tanto como ansioso y con el juicio
obnubilado. Le habían dicho por un mensaje de texto que su primo, el
intendente, acababa de ser acribillado a balazos en la puerta de su casa.
Claramente el Informante no supo ver el movimiento antes de que ocurriera, es
decir, terminó quedando desinformado. Y era evidente que habían chocado con la
misma piedra dos veces. Ahora ellos deberían devolver la jugada muy
cuidadosamente si no querían quedar mal a los ojos del público, que muy
fácilmente se enteraba de las muertes relevantes.
Yo conocí al Informante en este momento de la historia, cuando supuestamente el
Político lo envió a hablar conmigo para pedirme plata. El encuentro tuvo lugar
en un café-bar bastante tranquilo y con aspecto de almacén de barrio.
Encendimos dos cigarrillos, y los minutos de una hora y media fueron lo
suficientemente holgados como para que entrara, en el discurso tembloroso y
perseguido del Informante, toda esta historia. Me contó la disputa entre los
jueces y la pareja presidencial, los muertos de por medio, y me dejó deducir su
participación en calidad de comodín, tanto para un bando como para otro. Claro
que le ofrecí un millón que tenía quieto en el banco desde hacía tiempo, y
claro que lo aceptó. Yo sabía que haría uso personal de esa plata, y sabía
también que el Político no lo había enviado a pedirme plata como él había
dicho. Sé también que sólo buscaba una voz amable en la cual poder confiar, y
un par de oídos que estuvieran desligados de las tramas corruptas que
obnubilaban los suyos. Sé que encontró todo eso.
Claro que lo peor estaría por venir. Lamentablemente se le había soltado la
lengua por culpa del escocés barato de ese bar de mala muerte.
Yo hablé con mi amigo el Político, le alerté acerca de que tenía un doble
agente entre sus tropas, y le pedí por favor que le obligara a devolverme el
dinero. Pero ocurrió más que eso. El doble Informante, el comodín, apareció
cruelmente asesinado tres días después de mi solicitud. El dinero me fue
devuelto, y claro que este era un golpe fuerte para los jueces, la mafia de
tribunales. Ellos ya no tenían una voz del riñón del presidente que los
mantuviera al tanto de cada tropelía. Podría creerse que esto desataría una
espiral de muertes cruzadas, pero la verdad es que no fue así. Los jueces, al
no recibir más dádivas ni más tributos, tantos como se esperaría de parte de
gente tan rica como lo era la pareja presidencial, simplemente empezaron a
reactivar las causas judiciales que los comprometían y que hace tiempo venían
estando frenadas.
En los medios, radio, TV y periódicos, se desató la polémica. Se hablaba del
Político y de la Jefa como aliados en medio de una trama mafiosa que
involucraba mucho dinero, jueces obrando de acuerdo a su propia conveniencia, y
grandes propiedades que pertenecerían a los ya mencionados mandatarios. Las
exhibiciones de los yates, las mansiones, los helicópteros y las residencias en
barrios privados... todo aquéllo era casi obsceno, y daba cuenta de una sed
materialista inagotable. Toda posible maniobra que diera la pareja acusada no
podía explicar el porqué de los documentos que acreditaban todos esos bienes
como de su propiedad o como propiedad de amigos suyos. Claramente habían venido
nuevamente al poder para quedarse con todo, y estaban produciéndole un desfalco
al Estado argentino. Habían vencido luego de haber engañado hábilmente al
electorado, esto era cierto, pero ahora estaban volviéndose triunfadores
triunfados, por así decirlo. El rol que tomaba la Justicia inesperadamente era
el correcto, y los cargos de los que se les acusaba, enriquecimiento ilícito, y
asociación ilícita, conjuntamente con otros personajes para quedarse con
patrimonio del Estado, estaban hundiéndoles, y claramente le quitaban el
calificativo de triunfadores para dejarlos perdiendo.
Habían tenido a la Justicia a sus pies mucho tiempo, y ahora las posiciones se
habían invertido.
A pesar de haberles pagado, y a pesar de renovar las ofertas ahora, en pleno
caos mediático e institucional, nada era suficiente, y las causas en su contra
avanzaban. El Informante había sido extorsionado por los jueces, y luego había
sido asesinado por los triunfadores triunfados. Ahora le tocaría el turno al
Ejecutor, que también era comodín, es decir, que había jugado tanto para los
jueces como para la pareja presidencial.
Sirviéndose de la repetición que hice del relato que me había cedido el
Informante mientras aún estaba con vida, mi amigo el Político decidió enviar a
eliminar al Ejecutor, del cual ahora sabían la identidad y la ubicación. Se
trataba de un espía de la ex Side que ahora se desempeñaba en el rubro de
mercenario o asesino a sueldo, pero no ya por mucho tiempo. Una tarde gris,
mientras iba a buscar su auto al subsuelo de un estacionamiento, fue ahorcado
con un cable, y fue degollado allí mismo. El Ejecutor termino siendo ejecutado.
Sin embargo, esto no frenó de ninguna manera la ola de causas judiciales que se
abatieron como una bandada de pájaros oscuros sobre las cabezas de quienes
habían vuelto a ganar en las elecciones, quienes todavía creían tener el poder,
los triunfadores triunfados.
Mi amistosa declaración sobre lo que el Informante había escupido esa tarde
sobre la mesa del bar fue tomada increíblemente en serio por el Político y la
Jefa, con quienes yo mantenía un trato cordial de cierta confianza,
precisamente por encontrarme fuera de esa mafia, y por no pertenecer a los
laberintos del poder en los que ellos se movían. Entonces mi declaración había
sido lo bastante dura como para que ajusticiaran a dos cabos sueltos, pero el
Informante había vendido valiosa información en forma constante a los jueces
sobre los planes del Político y la Jefa. Y había documentos, firmas y actos que
ahora estaban en manos de ellos y que comprometían a la pareja, dejándolos con
el agua al cuello.
Más allá de haberles entregado una mansión y autos de alta gama conjuntamente
con otros bienes dignos de un millonario, el contador amigo, el Financista al
que tanto dinero le habían pedido; terminó teniendo que acudir a un prestamista
profesional que le fue sacando de a uno muchos de esos bienes. Con lo cual
podemos decir que el Financista usado por la pareja terminó desfinanciado, sin
efectivo suficiente para cargar nafta a sus nuevos autos, y menos aún para
servir a las exigencias de la pareja del poder.
Estaba teniendo su desarrollo una obra de ciega, sorda y chillona ambición, de
la cual el Político, la Jefa y sus socios para el delito eran los principales
beneficiarios. La república y sus valores se habían vilipendiado con una
compleja trama de enriquecimiento cuya necesidad de mantenerse se había cargado
ya tres vidas: la del Informante, la del Ejecutor y la de uno de los jueces,
pero también la del Financista, otro de los triunfadores que resultaron
triunfados.
Este último no había muerto, pero claramente estaba endeudado de por vida
frente a dos malvivientes que claramente lo habían usado. Y a su vez, por la
magnitud de las cifras de las que hablamos, su suerte terminó tirando por
tierra al prestamista al que este último acudía. Las deudas de la pareja
presidencial eran prioridad, y terminaron hundiendo en más deuda no sólo al
Financista, sino también al prestamista que lo asistía, que también tuvo que
pedir ayuda, y que terminó viviendo de prestado.
Estaría demás describir la enorme crisis de confianza que sobrevino al gobierno
de los triunfadores triunfados. Se había producido un agujero en la economía, y
eso no estaba en el manual del buen gobernante. Desde los medios llovían las
críticas, así como las manifestaciones populares de gran magnitud pedían que se
esclarecieran de una vez por todas las acusaciones, y los intelectuales del
país insistían una y otra vez en señalar la caída del régimen republicano
argentino. Parecía que a tres meses de consolidado el resultado de las
elecciones el pueblo estaba pidiendo por un verdadero cambio de gobierno.
Sé muy bien que el Político continuó siendo mi amigo sólo para usarme como una
voz confiable que le señalara los trapos sucios de su red, y para usarme como
un hombro donde llorar. Incluso me ofreció un yate y una mansión cerca del río
Tigre (los del fallecido Informante) y las acepté de buena gana.
La verdad es que no recibí ninguna amenaza de muerte de parte de la pareja
presidencial, pero sí recibí un fuerte apriete por parte de un enviado de los
jueces. Me dijeron, una vez obtenidos los bienes como recompensa por contarle a
mi amigo todo lo que sabía, que debía declarar contra mi amigo si no quería
terminar como el Informante y el Ejecutor. De manera que tuve que aceptar. Me
transformé en el delator de toda esa trama delictiva y de sus movimientos en
las sombras, porque los conocía muy bien. Entonces fue que se me dió, por parte
del Estado argentino, el status de "testigo protegido".
Ahora tengo nueva ubicación, nuevo nombre y hasta un nuevo rostro, por haber
tenido que declarar en juicios contra la pareja presidencial y contra su red de
asociados. Ahora perdí la confianza del que fuera mi amigo. Ahora los cabos
sueltos de esta trama mafiosa me buscan para cobrarme por mi último movimiento.
Y yo aún busco a quien me delató frente a los jueces. Aún busco al cabo suelto
que, sabiendo que yo conocía la trama de corrupción con lujo de detalles, le
contó sobre mí a los jueces, que luego enviaron a alguien para coaccionarme.
Alguien me delató a mí, el delator último de esta historia de triunfalismo,
corrupción y ambición desbocada.
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Aca a continuación tres imágenes de un cuadro explicativo de cómo funcionan las relaciones entre los personajes del texto Los triunfados (pa quien quiera tener mi libro completo enrtegado a domicilio acá https://www.editesulibro.com.ar/es/productos/desde-el-encierro/ Está casi regalado, 2.500 pesos argentinos. La trama esta muy.....inspirada en las corruptelas de los gobiernos kirchneristas (la jefa y el politico indudablemente son una alusion a CFK y Alberto) Por el final hay una alusion al arrepentido Fariña. Digamos q leer ese cuento es casi como leerse el diario. En la primera imagen a continuación se ven los.. ..conectores q muestran la algo intrincada maraña de relaciones. En la 2da y la 3ra imagen se puede leer la funcion q cumple cada un@ de l@s personajes y como influyen las acciones de un@s en l@s otr@s. Recomiendo verlas en pantalla grande, no en un cel. 1RA IMAGEN DEL CUADRO SINÓPTICO CON CONECTORES:
3RA IMAGEN DEL MISMO CUADRO:

Generalmente antes de escribir 1 cuento hago como una ficha previa para organizar bien la trama. Aveces puede ser un cuadro con conectores o puedenser simples anotaciones en una hoja. (Quisiera por ejemplo conocer las anotaciones y las ideas sueltas escritas por #CristinaPérez #CPdiosaradial para sus textos y novelas)



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