Carta del Viento a la Flor


(Dedicado a Florencia Osuna, mi profesora de Teoría Política en la UNLP durante tres años)




CARTA DEL VIENTO A LA FLOR



“Tengo que confesarle que la he visto florecer
en estos tres años de lluvias y de infinita maleza,
en los que me enseñó sobre los enredos del poder,
y sobre el maquiavélico estado de naturaleza. 

Cuando parece que no la estoy viendo,
y mis ojos no están fijos en su figura de mujer,
en realidad, en silencio, la estoy oyendo…
Compartir su aire, para mí, es un placer.

Usted querría que el rocío la acaricie cada mañana,
que la rieguen y la transplanten a una tierra lejana
¿o no le gustaría?
Perdería algún pétalo si le diera mis lágrimas de color.
Si yo pudiera verla cada día, con esa especie de amor,
como la flor que es se sentiría.

¿Para el dolor de sus hojas hay una mejor vacuna
que mi agitar? ¡En mis corrientes olí su esplendor!
Yo la he visto, usted ha florecido como ninguna,
y por eso su nombre tan bien elegido: la Flor...

La noto cada año más bella y húmeda, sino
más decidida y cautivante en su saber…
Su intensa luz ha llegado hasta mi remolino,
créame cuando le digo que la he visto florecer.

Cuando la veo junto al agua, usted resplandece de verdor. 
Si acá brillara, al fin me iluminaría, y descubriría mi color. 
No lo he descubierto todavía.

Usted querría que mi rocío la acaricie cada mañana,
que yo la riegue y la transplante a una tierra lejana
¿o no le gustaría?

¿Realmente usted me ve o, en vez de eso, sólo siente
una caricia mía, invisible, en su cuerpo y en su mente? 
Es la lluvia que yo traía.

He vuelto varias veces a cursar su política extranjera, 
y también, si pudiera, si el tiempo tirano no fuera,
con usted eternamente volvería.

Cuando parece que no la estoy viendo,
porque mis ojos no están fijos en su figura de mujer,
en realidad, por dentro, la estoy recorriendo…
oírla, y compartir su aire, para mí es un placer.

No necesito verla de cerca para admirar su belleza,
me basta con sentir todo lo que en mí ha vertido:
el conocimiento de épocas pasadas, una grandeza
que, para entenderla, tuve que usar cada sentido.

¿O no sabe usted que soy el viento que la ha sacudido?
Verla, olerla y oírla es, para mis males, la mejor vacuna.
A lo largo de tres años yo la he visto, y ha florecido.
Por eso su nombre tan bien elegido: la Flor Osuna.

Ojalá que esta carta no le haya parecido inoportuna.
Usted quiso que el rocío la acaricie cada mañana… 
¿Está mojada? El mismo efecto que al mirar la luna
siento, al verla. Quisiera tenerla en mi ventana. 

La noto cada año más bella y húmeda, sino
más decidida y cautivante en su saber…
Su intensa voz ha llegado hasta mi remolino,
créame cuando le digo que la he visto florecer.

Cuando pareció que no la estaba viendo,
no estando mis ojos fijos en su figura de mujer,
en realidad, en silencio, la estuve oyendo…
Haber compartido su aire, para mí, fue un placer”.



(Canción sobre el viento Céfiro https://www.youtube.com/watch?v=2x7SgjDcjjg En comentarios dejo alguna reseña sobre el mismo. Esta otra, versión instrumental con los coros de sirena de Frusciante, guitarrista de los Red Hot https://www.youtube.com/watch?v=A33it9A3pU8)


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(Texto entre comillas, Carta del Viento a la Flor, de LFD Fede Ferraro, protegido por derechos de autor.
Sadaic. All rights reserved for the lyrics)






Comentarios

  1. Céfiro (o Zephyr, en inglés, por el viento que sopla del oeste en California) para los griegos era el más suave de todos los vientos, viento de la primavera y las flores. Esto último por sus amores con Cloris (la Flora de los romanos). La ninfa fue objeto de los deseos de Bóreas y Céfiro, pero al final Bóreas fue hacia Oritía, quedando la ninfa sólo para Céfiro, quien la convirtió en la diosa de las flores. De sus amores nacerá Carpo, brisa cuyo soplo suelta los aromas de las frutas, cuyo equivalente romano es Pomona, diosa de la frutas.

    Mientras juegan al lanzamiento de discos, Apolo, para demostrar su poder divino, lanza fuertemente un disco. Céfiro aprovecha el lanzamiento y lo desvía con su soplo contra la cabeza del joven Jacinto, que muere al instante. Con la sangre del muchacho muerto, Apolo haría la flor homónima (es decir, planta de ese mismo nombre, Jacinto, como se le conoce en la actualidad).

    A Céfiro se le representa como un hombre joven, con alas de mariposa o hada, sin barba, semidesnudo y descalzo, cubierto en parte por un manto sostenido entre sus manos, del cual lleva y va esparciendo una gran cantidad de flores.
    Su equivalente en la mitología romana era Favonio (Favonius, ‘favorable’), quien ostentaba el dominio sobre las plantas y flores. Su nombre era muy común en la Antigua Roma.

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  2. Qué gran poeta... no esperaba semejante perfección de las rimas y las metáforas entre el viento y la flor... maravilloso. Gracias por esta dosis de belleza. Silvana.

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  3. ¡Esto es por mí?! Te quiero tanto, Fefe... y te lo voy a demostrar. Besos

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    1. Aprendí tanto de usted... gracias profe, no sólo por enseñarme sobre historia, sino también por ser la musa que me inspira.

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